"Escribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que os antoje. Que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero; bueno o malo, será vuestro, nadie os lo disputará; entonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, habrá belleza." DOMINGO F. SARMIENTO



miércoles, 19 de agosto de 2015

LA CARTA DEL FRENTE DE ANGELO GARRAPPA

Por Jorge Garrappa

Algunos días atrás, Giuseppe Garrappa, pariente pugliese, me ha hecho llegar un artículo, publicado el 8 agosto 2015 en un diario de Castellana Grotte, titulado “La carta del frente de Angelo Garrappa”.
Dicho artículo, escrito por el historiador y periodista Pino Pace, busca rendir homenaje a quienes murieron en la Gran Guerra de Italia en acciones de combate y al mismo tiempo, echar luz sobre aquellos que murieron fusilados por insubordinación o simplemente como escarmiento.
El contenido del artículo de Pino hace erizar los pelos solo de imaginar el sorteo de una decena de soldados que, al azar, deberán ser fusilados -por sus propios camaradas- ante los ojos de toda la unidad militar para así neutralizar cualquier futuro intento de rebelión o desobediencia.


“El episodio que decreto una injusta damnatio memoriae  (daño de la memoria) de la Brigada Catanzaro, fue la revuelta armada que se verifico el 16 julio 1917 en Santa Maria la Longa, un pequeño centro entre Udine y Palmanova, donde la brigada transcurría sus periodos de reposo en retaguardia. Determinada por un incesante empleo donde fuese necesaria una intervención urgente, por la promesa desatendida de ser transferida a un frente más tranquilo después de dos años transcurridos en el Carso, y de un improviso reclamo en la primera línea, después de haber sido mandada a reposo algunas horas antes, a causa de la cesión de unidades que la habían constituido.
La rebelión de la Brigada Catanzaro, la más grave del Ejercito italiano en el curso de la guerra, causo 11 muertos entre oficiales y soldados, en el curso de una furiosa balacera; rápidamente controlada incluso con la intervención de carros blindados, tuvo como consecuencia el fusilamiento en el lugar de 4 amotinados y el “diezmado” de otros 11, tal vez inocentes.
A la finalización de la guerra el diario L’Avanti del 16 agosto 1919 publico una carta firmada “Un oficial” que, condenando la megalomanía y la crueldad del vértice militar, sostenía que los soldados, después de la 10ma. batalla del Isonzo estaban en condiciones lamentables luego de una permanencia en las trincheras de 40 días sin turnos de descanso.
Entre los soldados, estacionados en Santa Maria la Longa, estuvieron también Gabriele D’Annunzio e Giuseppe Ungaretti, que aquí compuso algunas de sus poesías, entre las cuales la célebre “Mattina”, compuesta solo de dos palabras: “M’illumino d’immenso” (Me ilumino  de inmensidad).
La Brigada, reorganizada y enviada nuevamente en primera línea, mereció una mención en el Boletín de Guerra por su valor y tenacidad en la ofensiva de agosto de 1917.
Con la victoria ya conseguida, después de haber ocupado Trieste por más de un año, la Brigada Catanzaro fue disuelta en junio de 1920.
Los nombres de los rebeldes de la Catanzaro muertos durante la represión de la revuelta, los fusilados en el lugar y los “diezmados” no fueron incluidos en el Album de Oro de los Caidos y a sus Comunas se les informo que “faltaban entre los vivos”, muertos por un tiro de fusil o por un hecho de guerra y no que habían sido ajusticiados, tal vez por sorteo.
Pero si el caso de la Brigada Catanzaro es emblemático, no es ciertamente el único, el mismo criterio fue adoptado para todos aquellos que corrieron la misma suerte: excluidos del Álbum de Oro, aun si sus nombres figuran en los monumentos de sus ciudades.
También en nuestro monumento a los caídos, por ejemplo, está incluida una docena de nombres que están ausentes en el Álbum de Oro, historias que ignoramos totalmente.
Recientemente, el Estado Italiano ha prometido echar luz sobre esta página aun no indagada de la historia italiana para hacer justicia a quien fue muerto sin culpa. A todos aquellos muchachos castellaneses, casi doscientos, que murieron durante el conflicto, debemos nuestras excusas por haberlos hasta aquí olvidado, también por nuestro descuido, como sostenía nuestro mayor historiador Marco Antonio Lanera, en su trabajo “Fuentes para la historia de Castellana”: “Verdaderamente nuestros Padres (conviene decirlo sin rencores) no han hecho demasiado para conservar la memoria de la Patria”.
Frecuentemente olvidados, excepto por sus familiares, aun durante la guerra, como recordaba el Concejal Juez Giuseppe Francavilla en la reunion extraordinaria del Concejo Comunal de Castellana del 2 noviembre 1916, convocada para recordar los primeros caídos castellaneses:
“A no pocos de nosotros ha sucedido de oír en los breves retornos a nuestros pueblos que no es confortable ver una gente desmemoriada que la disfruta mientras ellos, por el porvenir de esa misma gente combaten, están condenados al sufrimiento y a la muerte.”
En la misma intervención Francavilla, en el listado de los caídos castellaneses, cito primeramente a Angelo Garrappa, hijo de Aniello, muerto el 6 junio 1915; en realidad difunto el 10 octubre del mismo año en el Carso por heridas reportadas en combate, como resulta del Album de Oro. Ni siquiera dos meses antes, Garrappa había enviado esta carta (tarjeta postal) a los suyos fechada 23 agosto 1915 y llegada a Castellana el 27 del mismo mes.
“Desde la Zona de Guerra 23/8/1915
Amadísimos padres:
Les escribo en respuesta a vuestra querida carta haciéndoles saber que yo estoy bien de salud como espero de todos ustedes en familia. Me ha traído un gran disgusto saber de la muerte de mi nona (4). En relación a mi hermano Nicola, debo decirles que ha hecho mal en casarse en vez de venir a cumplir con su deber como lo estoy haciendo yo. Apenas reciban noticias de Gaetano me lo harán saber como también de Felice, quiero saber donde ira y a que arma será destinado. Me alegra que mi maestro este mejor y lo saludaran como también al tío Umberto, que ha venido desde lejos para cumplir con su deber, me lo saludaran y me harán saber donde se encuentra. Les recomiendo los pañuelos, de enviarlos rápidamente junto a cualquier cosa de comer. El “pequeño habito” de la Virgen lo llevare siempre encima. No tengo otra cosa para decirles, saludos a los nonos, a los tíos y tías, hermanos y hermanas, a todos en familia, un beso particular a mi Ida, a todos aquellos que preguntan por mí y a ustedes Padre y Madre tantos abrazos y besos y soy vuestro afectuosísimo hijo.
Angelo Garrappa. Muchos saludos a la familia de Antonietta D’Aprile. Pronta respuesta”.
Encontrada por un descendiente, Jorge Garrappa, hoy residente en Argentina donde ha nacido, esta misiva fue enviada en 2010 al sitio “Cimetrincee” dedicado a la primera guerra mundial, donde esta reproducida.

Una de las tantas cartas que los soldados mandaron a las familias desde sus trincheras frecuentemente visitadas por la muerte, que mas que muchas palabras nos restituye jirones de vida de esta generación perdida, con sueños y expectativas que se han disuelto como lagrimas en la lluvia.” (Pino Pace)